Les Pardines (Andorra): la montaña donde nunca hubo guerra

Ya sabéis que los viajes que me gustan son los que hago cuchara y tenedor en ristre. Pasada cierta edad, los placeres de la buena mesa, la buena conversación, la mejor bebida se convierten en compañeros de las noches y los días sin amor. Puedo recorrer el mundo en busca de un restaurante como el del hotel Les Pardines, un lugar con un alma muy especial, un oasis en los Pirineos para probar los platos estrella del menú: los canelones, el salmorejo con cúrcuma, el steak tartare en dos texturas, el arroz de montaña y la fideuá, consagración del tomate y la mejor tarta de queso que he probado en mi vida.

Con colmenas y huerto propio

La firma de un buen hotel es un buen desayuno. En Les Pardines destacan los quesos y la miel. La familia tiene colmenas y un huerto propio en el que cultivar las verduras que alimentan sus platos. Y los quesos que forman parte de la historia del lugar, porque el abuelo de los dueños actuales compró la finca queso a queso en 1890. Un siglo y 30 años más tarde ofrecieron a sus herederos una fortuna para hacer una promoción inmobiliaria sobre los prados y los bosques de su infancia. Andorra tiene el metro cuadrado más caro del mundo, comparable al de Manhattan. Esa pequeña operación les habría resuelto la vida para siempre, pero el amor a la tierra fue más fuerte. En una elección heroica, decidieron preservar la naturaleza y la belleza de Andorra para las generaciones futuras y construir un pequeño paraíso que todos podemos disfrutar.

La casa de los hobbits

Los edificios son los originales de piedra con tejados de pizarra y el interior es como la casa de los hobbits con un cuidado interiorismo de Montse Molins. No podéis perderos el spa de montaña con sauna y baño de vapor donde Lisa, que llegó de Rusia por amor, amasa con sus manos sabias los doloridos músculos de los que vuelven de esquiar o de descubrir el lago de Engolasters o de encontrarse a sí mismos perdiéndose por los senderos de montaña que antes usaban los contrabandistas.

Con paz, todo es distinto

Andorra es un lugar especial donde no ha habido guerra en los últimos 1.800 años. Y esa paz hace que todo sea distinto, los hombres, los árboles y el aire. Dos príncipes, dos países y una neutralidad milenaria que le ha permitido permanecer al margen de las luchas inútiles de Europa. Andorra parece fundada por un viajero del tiempo que viene de un futuro en el que se han abolido las guerras.

Un hotel con alma

José María Puy, con un árbol genealógico de más de 500 años en el Principado de las montañas, mima este hotel boutique en sus menores detalles, como sus antepasados mimaron la tierra, cultivaron tabaco, protegieron caminantes. Protector solar y crema after sun en los baños, toallas de gran gramaje de algodón egipcio, un personal especialmente atento en la recepción. Me gustan los hoteles pequeños que tienen alma, que son únicos e irrepetibles y donde no te alojas en una habitación, sino que formas parte de una aventura. Puedes partir en busca de setas, participar en concursos de pesca o simplemente sentarte en las sillas que rodean el estanque a saborear un pacharán.

Un homenaje a Buñuel

El hotel es tan exquisito que te atrapa como en El ángel exterminador de Buñuel. No puedes salir del hotel porque no hace falta, porque es un micromundo que contiene todo lo que necesitas y en el que sientes que no necesitas nada.

Related Post