Dinamarca en tren, de Copenhague a Jutlandia

El tren está viviendo una nueva época dorada en Europa. Cada vez más viajeros lo eligen para desplazarse entre ciudades y descubrir destinos sin la necesidad de alquilar un coche. Dinamarca encaja especialmente bien en esta nueva forma de viajar. Las distancias son cortas, las conexiones frecuentes y buena parte de sus ciudades, museos, castillos y espacios naturales están al alcance del ferrocarril.

Desde Copenhague se puede organizar un buen número de excursiones en el día y, para quienes dispongan de más tiempo, continuar hacia Odense y adentrarse después en Jutlandia hasta llegar a Aalborg, Frederikshavn o Skagen. El tren se convierte así en una manera práctica de recorrer el país y, también, de observarlo.

Desde Copenhague, un país al alcance del tren

La capital danesa es un excelente punto de partida. En menos de una hora aparecen algunos de los lugares más interesantes de Selandia.

Roskilde, a unos 40 minutos, reúne dos grandes argumentos para una excursión. Su catedral, Patrimonio Mundial de la UNESCO, es el panteón histórico de la monarquía danesa, mientras que el Museo de los Barcos Vikingos conserva cinco embarcaciones originales del siglo XI.

En dirección norte, Helsingør se encuentra a unos 50 minutos. Allí espera el castillo de Kronborg, también Patrimonio Mundial y asociado para siempre a Hamlet. En 2026 celebra sus 600 años. Muy cerca está el Museo Marítimo Danés, una interesante muestra de cómo la arquitectura contemporánea puede integrarse en un espacio histórico.

Otra opción es Jægersborg Dyrehave, a unos 20 minutos, un enorme parque donde viven en libertad más de 2.000 ciervos y que forma parte del paisaje cinegético del norte de Selandia, protegido por la UNESCO.

Entre playas, arte y diseño danés

El tren también permite cambiar el patrimonio por la costa. Bellevue, a unos 20 minutos de Copenhague, es una de las playas favoritas de los habitantes de la capital y conserva el complejo balneario diseñado por Arne Jacobsen en los años treinta.

Para una excursión algo más larga están Hornbæk y Tisvildeleje, dos localidades de la Riviera danesa donde las playas, las dunas, los bosques y los pequeños puertos explican mejor que cualquier folleto la relación de los daneses con el mar.

La cultura también tiene sus propias paradas ferroviarias. En Charlottenlund, Ordrupgaard reúne importantes colecciones de arte francés y danés y, muy cerca, la Casa de Finn Juhl permite entrar en el universo doméstico de uno de los grandes diseñadores del siglo XX.

En Rungsted Kyst se encuentra la casa-museo de Karen Blixen, frente al mar, mientras que en Odense, a poco más de una hora de Copenhague, el museo dedicado a Hans Christian Andersen propone una mirada contemporánea sobre el autor de La sirenita y El patito feo.

De Odense a Jutlandia

Quien quiera prolongar el viaje puede convertir el tren en el hilo conductor de un recorrido por Jutlandia. Desde Copenhague, Odense está aproximadamente a una hora y media, Aarhus a unas tres horas y Aalborg a unas cuatro.

Aarhus, la segunda ciudad de Dinamarca, merece una parada. Es una ciudad cultural, gastronómica y arquitectónicamente muy activa. Entre sus principales atractivos están el ARoS Aarhus Art Museum, que en 2026 incorporó The Dome, una instalación de James Turrell, Den Gamle By y el Moesgaard Museum.

Desde Aarhus se pueden realizar nuevas excursiones. Randers, a unos 35 minutos, propone un curioso viaje a los trópicos en Randers Regnskov. Silkeborg, a 45 minutos, combina lagos, bosques y el Museum Jorn, dedicado al artista Asger Jorn. Y Viborg, aproximadamente a una hora, conserva uno de los conjuntos históricos más interesantes de Jutlandia.

Para quienes lleguen en avión a Billund, la ciudad puede ser otro punto de entrada al recorrido. Más allá de LEGOLAND y LEGO House, desde allí es posible enlazar con Vejle y continuar en tren hacia Kolding y Fredericia.

Un recorrido hasta el extremo norte

La ruta puede continuar hacia Aalborg, una ciudad universitaria a orillas del Limfjord donde conviven arquitectura contemporánea y patrimonio. El Kunsten Museum of Modern Art, diseñado por Alvar Aalto, y el Utzon Center son dos de sus principales referencias.

Desde Aalborg, el ferrocarril sigue hacia Frederikshavn, ciudad portuaria con un pequeño barrio histórico y buenas vistas desde Pikkerbakken. Y después llega a Skagen, el extremo septentrional de la red ferroviaria danesa.

Skagen fue lugar de encuentro de una importante colonia de pintores atraídos por una luz muy particular. Su museo conserva las obras de aquellos artistas y la visita puede continuar hasta Grenen, el promontorio donde confluyen el mar del Norte y el Báltico. En los alrededores aparecen además la duna móvil de Råbjerg Mile y el Faro Gris.

Una forma diferente de viajar por Dinamarca

Dinamarca facilita además esta manera de desplazarse. La Copenhagen Card DISCOVER incluye transporte público ilimitado en su área de cobertura y acceso a más de 80 atracciones, además de facilitar las excursiones a lugares como Roskilde, Helsingør, Humlebæk o Hillerød.

A ello se suma CopenPay, iniciativa de turismo responsable de Wonderful Copenhagen que premia determinadas acciones sostenibles, entre ellas llegar en tren, utilizar la bicicleta o participar en actividades medioambientales.

Y la apuesta por el ferrocarril continuará creciendo. El futuro túnel de Fehmarnbelt reforzará la conexión ferroviaria entre Dinamarca y Alemania y acercará todavía más Escandinavia al resto de Europa.

Viajar por Dinamarca en tren tiene, en definitiva, algo más que una ventaja práctica. Permite que Copenhague deje de ser simplemente el destino final y se convierta en el principio de un viaje que atraviesa castillos, ciudades, museos, playas y paisajes hasta alcanzar el extremo norte del país. Sin prisas y sin que el trayecto sea un tiempo perdido.

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