En una isla donde la tierra cruje bajo los pies y el cielo parece más cercano, existe un lugar capaz de detener el tiempo. La Casita de Femés no es un hotel cualquiera. Es un refugio entre cráteres dormidos, una joya oculta en el corazón volcánico de Lanzarote. Aquí, el silencio no es ausencia de sonido sino presencia de belleza.
Antiguamente fue una casa canaria con establos de camellos. Hoy es un oasis minimalista donde la piedra volcánica, la cal y la arquitectura tradicional se funden con un diseño que emociona sin necesidad de gritar. El alma del lugar ha sido preservada con sensibilidad gracias al trabajo conjunto de su propietario y el estudio de arquitectura SAL, creando un espacio donde cada detalle dialoga con el entorno. Porque en La Casita de Femés no se viene solo a dormir, se viene a sentir.
Revista topVIAJES nº163, verano 2025: especial Islas Canarias
Una isla que vibra bajo tus pies
Lanzarote no se parece a ningún otro lugar. Sus campos de lava petrificada, sus playas negras y su luz pura hacen que el paisaje parezca irreal. Pero detrás de esa apariencia salvaje se esconde una calidez inesperada. Las suaves temperaturas durante todo el año la convierten en un destino ideal en cualquier estación. Y fue precisamente este paisaje indomable el que inspiró a César Manrique a proteger su esencia y convertir la isla en un lienzo de armonía entre arte, arquitectura y naturaleza.
En este escenario tan único, La Casita de Femés se erige como un homenaje silencioso a esa filosofía. Rodeada de roca oscura y cielos límpidos, invita a vivir con menos, pero sentir más.

Donde la arquitectura se convierte en poesía
Desde lejos, parece una finca rural detenida en el tiempo. Al acercarse, el camino de ceniza volcánica conduce a un lugar distinto. Las formas sencillas, las texturas naturales y el juego de luces y sombras convierten cada rincón en una pequeña obra de arte. Las paredes encaladas contrastan con la piedra negra. El hormigón pulido conversa con objetos artesanales. La atmósfera es de calma absoluta.
La Casita de Femés no impone, acompaña. Ofrece dos unidades independientes que invitan a la privacidad y al descanso. Casa Jable con un dormitorio y Casa Diama con tres, ambas equipadas con cocina y espacios comunes pensados para fluir con el ritmo del día. Es un lugar que se vive despacio, con café en mano y el horizonte abierto. Es una forma de estar en el mundo con ligereza, sin artificios.
Un escondite entre volcanes y estrellas
Su ubicación es parte de la experiencia. Aislada, silenciosa y rodeada por la energía telúrica de los volcanes, La Casita de Femés ofrece una sensación de desconexión total sin renunciar a la comodidad de estar cerca de todo. A solo cinco minutos se encuentra el encantador pueblo de Yaiza. A veinte, las playas cristalinas de Papagayo. Y a poco más de media hora, Arrecife, Teguise, Timanfaya, Famara y la Fundación César Manrique.
Pero no hay prisa por salir. Porque cuando cae la noche y el cielo se enciende con miles de estrellas, quedarse bajo esa bóveda limpia se convierte en el mejor plan del mundo. Es entonces cuando uno entiende por qué este lugar no se olvida.

