Cuando el verano empieza a quedar atrás, Ibiza recupera otra manera de ser disfrutada. Las temperaturas permiten recorrer el interior de la isla con más calma, caminar por sus paisajes mediterráneos, acercarse a sus calas y descubrir una Ibiza rural que durante los meses de mayor actividad queda en un segundo plano.
Los puentes y fines de semana del otoño son, por ello, una buena ocasión para cambiar la playa por una antigua casa payesa, recorrer una finca entre viñedos o acercarse a una bodega para conocer algunos de los sabores y tradiciones que forman parte de la identidad de la isla.
En el corazón del campo ibicenco, Can Lluc Boutique Country Hotel & Villas acaba de renovar sus habitaciones rurales, uno de los elementos que mejor explican la personalidad de este histórico agroturismo, nacido sobre una antigua casa familiar.

La renovación mantiene la esencia de la arquitectura tradicional ibicenca, con paredes blancas y de piedra seca, suelos de cerámica, madera y terrazas rodeadas de vegetación y buganvillas. También permanecen los nombres vinculados a la historia de la finca, como Es Paller, S’Era, Ses Garroves o Es Carro.
No son nombres elegidos al azar. Ses Garroves, por ejemplo, era el espacio donde se almacenaban las algarrobas después de la recogida, mientras Es Paller estaba destinado a guardar la paja tras la siega y el triaje del grano. La historia de la casa permanece así integrada en unas habitaciones que ahora incorporan un mayor nivel de confort.
La propia finca invita a bajar el ritmo. Sus caminos, jardines y zonas exteriores adquieren especial atractivo durante el otoño, cuando apetece caminar, sentarse al aire libre o contemplar el paisaje mediterráneo que rodea la propiedad, incluidos sus viñedos.

Una Ibiza vinculada al vino
La estancia en Can Lluc puede completarse con algunas de las experiencias propuestas por el hotel para descubrir la isla desde perspectivas diferentes, desde el senderismo y el buceo hasta la gastronomía y las tradiciones locales.
Entre ellas, el vino ocupa un lugar destacado. A unos 15 minutos en coche se encuentra Bodega Can Rich, una de las visitas que permiten acercarse a la tradición vitivinícola de Ibiza a través de sus viñedos, sus vinos y la historia de la elaboración.
La bodega recupera antiguas variedades autóctonas y mantiene una producción de blancos, rosados y tintos, además de vinos criados en ánforas de terracota, una forma de elaboración vinculada a la tradición mediterránea.
La visita, de unas dos horas de duración, incluye un recorrido guiado por los viñedos y las instalaciones y una degustación de tres vinos acompañados de Hierbas Ibicencas y productos locales, entre ellos embutidos, quesos, pan payés y aceite ecológico de oliva virgen extra. También permite conocer otras especialidades de la isla, como el vermouth y el café caleta, tradicional licor de café relacionado con la cultura de los pescadores de Sa Caleta.

Can Lluc, una casa payesa con mirada moderna
Inaugurado en 2003 sobre una finca de labranza con más de 300 años de historia, Can Lluc Boutique Country Hotel & Villas cuenta actualmente con 25 habitaciones y suites, siete de ellas en la casa principal y 18 villas privadas, dos con piscina infinity climatizada.
El proyecto familiar ha mantenido la arquitectura payesa y el carácter rural de la finca mientras incorpora una estética contemporánea y un nivel de confort acorde con la actual hotelería de la isla. El resultado es una propuesta en la que tradición, diseño y paisaje conviven con bastante naturalidad.
Para una escapada otoñal, quizá esa sea precisamente una de las mejores maneras de reencontrarse con Ibiza, lejos del ruido de agosto y cerca de esa otra isla que permanece cuando el verano termina.

