Camogli y Portofino, joyas secretas de la Riviera Italiana 

Entre acantilados verdes y mares de un azul imposible, la Riviera Italiana guarda dos tesoros que resisten al tiempo: Camogli y Portofino. En estos pueblos marineros, la historia se mezcla con la leyenda, las casas de colores se reflejan en el agua y la ‘dolce vita’ se respira en cada esquina. Lejos del bullicio de las Cinque Terre, aquí el viajero encuentra el alma auténtica de Liguria, donde los marineros, los monasterios y los aromas del mar siguen marcando el ritmo de la vida. 

La región de Liguria se extiende entre montañas que se precipitan hacia el mar, generando una costa de pueblos suspendidos entre el cielo y el agua. Navegar por estas costas es como adentrarse en un mosaico de colores y tradiciones. Camogli, con su pasado de grandes navegantes, y Portofino, símbolo del lujo discreto italiano, son dos paradas imprescindibles para quien busca belleza, historia y sabor mediterráneo. 

La esencia marinera de Camogli 

Antaño conocida como «la ciudad de los mil veleros blancos», Camogli vivió su época dorada en la Baja Edad Media, cuando su flota de más de 700 buques la convirtió en un importante puerto comercial. Su corazón sigue latiendo en torno al Castel Dragone, una fortaleza erigida frente al mar para protegerla de los piratas, que durante el siglo XVI asolaban la costa ligur. 

La basílica de Santa María Asunta, con su singular cementerio de ‘risseu’, conserva una tradición artesanal única en Liguria. Las piedras blancas y grises, recogidas en playas y ríos, forman mosaicos geométricos que decoran plazas, villas y jardines desde hace siglos. 

A los pies del promontorio de Portofino, Camogli despliega su encanto entre estrechas callejuelas, fachadas pintadas y aromas de cítricos y aceitunas. Aquí, el visitante puede disfrutar del Mediterráneo más genuino y de la calidez de un pueblo que vive de cara al mar. 

La Abadía de San Fruttuoso, un lugar entre el cielo y el mar 

Muy cerca de Camogli se encuentra uno de los rincones más fascinantes de Liguria: la Abadía de San Fruttuoso. Escondida entre bosques y acantilados, la antigua abadía benedictina se asoma a una bahía de aguas turquesas donde, según la leyenda, fueron depositadas las reliquias de San Fruttuoso en el siglo VIII. 

El lugar es accesible solo en barco o a pie, por senderos que atraviesan el monte Portofino. Quienes llegan caminando en primavera o en otoño disfrutan de un espectáculo natural de matorral mediterráneo, silencio y mar. Bajo las aguas, una escultura de bronce conocida como el Cristo del Abismo vela el fondo marino desde 1954. Puede verse buceando o incluso desde una embarcación cuando el mar está en calma. 

Sabores y tradiciones que perduran 

Camogli celebra cada mes de mayo la Fiesta del Pescado en honor a San Fortunato. Durante unos días, el pueblo huele a mar, las plazas se llenan de música y los pescadores comparten su arte en una enorme sartén frente al puerto. En agosto, la procesión de Stella Maris ilumina el mar con antorchas y barcas engalanadas. 

Entre los sabores locales destacan el atún fresco, las anchoas, la focaccia y el vino de Liguria. Restaurantes como Il Giorgio o Ostaia Daò Sigù ofrecen menús basados en productos del mar con vistas inolvidables. Para dormir, opciones como I Tre Merli o el Hotel Carrick Camogli Portofino Coast combinan hospitalidad, diseño y una cercanía envidiable al mar. 

Portofino, la leyenda viva de la Riviera 

A tan solo 15 kilómetros de Camogli aparece Portofino, ese pequeño pueblo de casas color pastel que parece pintado a mano sobre una bahía perfecta. Desde los años 60, su nombre se asocia a la elegancia italiana y al glamour internacional. Por sus calles han paseado nobles europeos, artistas, actores y músicos. Entre ellos, Frank Sinatra, que tiene un mirador dedicado, y Dalida, quien inmortalizó el lugar en su canción Encontré mi amor en Portofino, reinterpretada más tarde por Andrea Bocelli. 

El visitante puede llegar caminando desde Camogli a través de un sendero de 13 kilómetros que atraviesa el Parque Natural de Portofino. Es un recorrido que regala panorámicas espectaculares y el aroma inconfundible del bosque mediterráneo. 

La dolce vita frente al mar 

Portofino sigue siendo un símbolo del lujo tranquilo, un refugio donde los días se deslizan entre cafés en la Piazzetta, paseos junto al puerto y atardeceres frente al faro que custodia la costa. Aquí, la dolce vita se saborea con una copa de vino local y una tapa de pesto o focaccia mientras los yates se mecen al fondo del muelle. 

Para quienes buscan descanso absoluto, el Il Leccio Luxury Resort ofrece privacidad y bienestar en un entorno de naturaleza pura. Y si la suerte acompaña, el amanecer puede regalar el espectáculo de los delfines surcando el mar plateado frente a la costa.

Un viaje entre historia, mar y emoción 

Camogli y Portofino son dos caras de una misma joya. Una conserva la tradición marinera de la Riviera Italiana; la otra, su elegancia más atemporal. Juntas, representan el equilibrio perfecto entre lo auténtico y lo sofisticado, entre la calma del pasado y el brillo del presente. Un viaje por esta parte de Liguria es una una invitación a dejarse llevar por la belleza sin prisas, como si el Mediterráneo aún marcara el compás de la vida. 

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