Qué ver en Montenegro: 6 experiencias imprescindibles en Kotor

La bahía de Kotor en Montenegro reúne en pocos kilómetros ciudades medievales, fortalezas, montañas, islas, aventuras y una gastronomía que mira al Adriático. Seis experiencias para descubrir uno de los destinos que más están dando que hablar en Montenegro.

Montenegro lleva tiempo dejando de ser un secreto para quienes buscan nuevos destinos en Europa. Y basta llegar a la bahía de Kotor, o Boka Kotorska, para entender por qué. Las montañas caen sobre el agua, las pequeñas localidades conservan siglos de historia y cada curva de la carretera descubre un paisaje diferente.

Kotor, Perast, Tivat o Herceg Novi forman parte de este espectacular litoral montenegrino, pero cada una tiene algo distinto que ofrecer. Aquí se puede caminar por una ciudad amurallada, entrar en un submarino, subir en teleférico hasta la montaña, navegar hasta una isla o sentarse frente al mar a probar algunos de los platos más tradicionales del país. Montenegro es uno de esos destinos que se descubren mejor haciendo cosas. Estas son seis que merece la pena apuntar.

Kotor, una ciudad entre murallas y montañas

La primera parada tiene que ser Kotor. Su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está rodeado de murallas y se recorre fácilmente a pie. La Puerta del Mar, la catedral de San Trifón, antiguos palacios e iglesias aparecen entre calles estrechas y plazas de piedra.

Pero hay que mirar hacia arriba. La fortaleza de San Juan se encuentra en lo alto de la montaña y llegar hasta ella exige subir una buena cantidad de escalones. El esfuerzo tiene premio. Desde allí se obtiene una de las mejores vistas de la bahía, con Kotor abajo y las montañas rodeando el agua.

Es una de esas panorámicas que explican por sí solas por qué Montenegro se ha convertido en uno de los destinos más atractivos de los Balcanes.

De un submarino a las fortalezas de Herceg Novi

En Tivat espera una experiencia bastante diferente. En el Museo del Patrimonio Naval, dentro de la antigua base naval de la ciudad, se puede entrar en el submarino Heroj P-821, construido en 1967 y utilizado durante más de dos décadas.

Recorrer sus estrechos pasillos, la sala de mando y los antiguos espacios de la tripulación permite hacerse una idea de cómo era la vida bajo el agua. Es una visita especialmente interesante para quienes buscan algo diferente a los habituales museos de un destino.

También merece la pena acercarse a Herceg Novi, una ciudad marcada por su pasado militar. Forte Mare se asoma directamente al Adriático, mientras Kanli Kula, la llamada Torre Sangrienta, recuerda el dominio otomano. Más arriba aparece Španjola, una fortaleza relacionada con la presencia española en la ciudad durante el siglo XVI. Aquí el viaje cambia de ritmo. Mar, historia y fortalezas aparecen prácticamente en cada esquina.

Subir a la montaña y navegar hasta una isla

Una de las mejores maneras de contemplar la bahía es desde las alturas. El teleférico de Kotor conecta la costa con el monte Lovćen en unos minutos y ofrece durante el recorrido una panorámica espectacular de la Boka Kotorska.

Arriba, en Kuk, el viaje continúa con miradores, senderos y diferentes propuestas para pasar el día. Para quienes buscan algo de adrenalina está el Alpine Coaster, una pista de montaña en la que cada pasajero controla su propia velocidad. También hay otras atracciones y espacios para disfrutar del paisaje con más calma.

Y después de mirar Montenegro desde arriba toca volver al agua. Desde Perast salen pequeñas embarcaciones hacia Nuestra Señora de las Rocas, una diminuta isla artificial situada frente a la localidad. La tradición cuenta que en este lugar apareció un icono de la Virgen en 1452 y que, con el paso de los siglos, los habitantes fueron depositando piedras alrededor de la roca hasta crear la isla.

La iglesia actual conserva obras del pintor barroco Tripo Kokolja y una curiosa pieza que merece especial atención. Es un tapiz realizado por Jacinta Kunić durante años de espera por su marido, un marinero que estaba en el mar. Para bordarlo llegó a utilizar mechones de su propio cabello.

El sabor de Montenegro también está en la bahía

Después de tanta montaña, historia y navegación llega otro de los grandes atractivos de Montenegro: su gastronomía.

La cocina de la bahía de Kotor mezcla los productos del Adriático con las tradiciones de las montañas del interior. Una de las especialidades que conviene probar es la buzara, normalmente preparada con mejillones de la bahía, vino blanco, ajo y perejil.

También aparecen en las mesas el risotto negro con tinta de sepia, el pescado fresco a la parrilla y el Njeguški pršut, un jamón curado típico de las montañas montenegrinas.

Y hay que dejar sitio para el vino. El vranac, tinto de carácter intenso, y el blanco krstač son dos buenas formas de acercarse también a la identidad gastronómica del país.

Porque al final, quizá esa sea una de las mejores maneras de entender Montenegro y la bahía de Kotor. Caminar por una ciudad medieval, subir a una montaña, navegar entre islas, descubrir una fortaleza y terminar sentado frente al Adriático con un plato local sobre la mesa. Un destino pequeño en el mapa, pero con muchas razones para hacer la maleta.

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