Petra, Wadi Rum, Jerash o el Mar Muerto forman parte del imaginario de cualquier viaje a Jordania. Pero, en el extremo sur del país, las montañas rojizas se encuentran con las aguas azules del Mar Rojo en Aqaba, una ciudad que descubre una faceta diferente del Reino Hachemita: marítima, relajada y estrechamente ligada a la naturaleza.
A su atractivo se suma ahora un nuevo motivo para viajar hasta aquí. En julio de 2026, la Reserva Marina de Aqaba entró en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO durante la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Busan. Es el primer espacio natural marino de Jordania que recibe esta distinción.
Situada en el extremo norte del Mar Rojo, la reserva protege un mosaico de arrecifes de coral, praderas marinas y arrecifes mesofóticos que albergan más de 150 especies de coral duro, más de 500 especies de peces y alrededor de 1.000 especies de moluscos. Sus corales destacan, además, por una excepcional resistencia térmica frente a las altas temperaturas y el estrés climático.

Bucear entre corales, barcos hundidos y un avión
El Mar Rojo es uno de los grandes protagonistas de cualquier viaje a Aqaba. Sus aguas transparentes, temperaturas agradables y fondos marinos convierten la ciudad en uno de los principales destinos de buceo y snorkel de Jordania, tanto para quienes se ponen las gafas y las aletas por primera vez como para buceadores experimentados.
Bajo la superficie aparecen arrecifes de coral llenos de vida marina y algunos escenarios especialmente singulares. Entre los puntos de inmersión de Aqaba se encuentran barcos hundidos, un tanque y hasta un avión Hercules C-130, convertidos con el paso del tiempo en refugios para peces y otros organismos marinos.
Para quienes prefieren no sumergirse, el Aqaba Aquarium, situado en el complejo de la Marine Science Station, permite acercarse a algunas de las especies que habitan estas aguas y comprender mejor la biodiversidad del golfo.
Y las posibilidades no terminan bajo el agua. Windsurf, jet ski, wakeboard y otras actividades acuáticas completan la oferta para quienes quieran disfrutar del Mar Rojo de una manera más activa. También hay playas en las que simplemente dejar pasar las horas frente al agua.

Ayla: la otra historia de Aqaba
Aqaba no es solo playa y buceo. Su posición estratégica, en la confluencia de las rutas que conectaban la península Arábiga, África y el Levante, convirtió durante siglos a la ciudad en un importante enclave comercial.
Uno de los lugares que mejor explica ese pasado es Ayla, cuyos restos corresponden a una de las primeras ciudades cuidadosamente planificadas del periodo islámico. Sus ruinas permiten imaginar la importancia que tuvo este puerto como punto de encuentro de comerciantes, viajeros y diferentes culturas.
Muy cerca se encuentra otro de los grandes tesoros históricos de la ciudad: los restos de una iglesia construida a finales del siglo III, considerada uno de los ejemplos más antiguos conocidos de una iglesia levantada expresamente como lugar de culto cristiano.
El recorrido histórico puede continuar en el Castillo de Aqaba, cuyos orígenes se remontan al periodo mameluco. A lo largo de los siglos fue transformado y utilizado también como caravanserai y cuartel militar. Hoy es uno de los edificios más reconocibles de la ciudad y una buena parada para entender por qué Aqaba fue durante tanto tiempo un enclave estratégico.

Un paseo por el zoco de Aqaba
Para descubrir la ciudad más allá de sus monumentos, nada mejor que perderse por sus calles y acercarse al zoco de Aqaba. Los puestos de especias, productos locales, artesanía y recuerdos ofrecen una visión mucho más cotidiana de la ciudad que la que proporcionan sus grandes atractivos turísticos.
También es una buena zona para acercarse a la gastronomía local. Al encontrarse junto al Mar Rojo, el pescado y el marisco tienen un papel destacado en la cocina de Aqaba, que comparte además buena parte de los sabores tradicionales jordanos: especias, verduras, arroz, carnes y mezze.
Comer frente al mar es, en este sentido, otra manera de descubrir el destino, especialmente al final de una jornada dedicada al buceo, al patrimonio o a recorrer la ciudad.

El plan que completa un viaje por Jordania
Una de las grandes ventajas de Aqaba es que puede incorporarse fácilmente a un itinerario por el sur de Jordania. Después de visitar Petra, recorrer los paisajes de Wadi Rum o dormir en un campamento en el desierto, llegar hasta el Mar Rojo supone cambiar por completo de escenario.
Aquí el ritmo se ralentiza. Una mañana de snorkel puede dar paso a una tarde de playa, a un tratamiento de spa o simplemente a contemplar el atardecer sobre el golfo. Aqaba funciona así tanto como destino en sí mismo como última parada de un viaje por Jordania, aportando unos días de descanso después de las visitas culturales y las excursiones por el desierto.

Una reserva marina que mira al futuro
La nueva declaración de la UNESCO pone el foco internacional sobre un ecosistema cuya importancia va mucho más allá del turismo. La Reserva Marina de Aqaba es el sistema de arrecifes tropicales situado más al norte del mundo y sus corales han desarrollado una notable capacidad de adaptación a las olas de calor marinas, la salinidad y las elevadas temperaturas estivales.
La inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial se ha realizado bajo los criterios naturales (ix) y (x), relacionados con procesos ecológicos y evolutivos excepcionales y con la conservación de hábitats y especies de importancia mundial.
El reconocimiento implica también un compromiso con su conservación, desde la investigación científica y la monitorización de los ecosistemas hasta la gestión responsable de las visitas y la participación de las comunidades locales.
Aqaba suma así una nueva razón para entrar en el mapa de los viajeros que llegan a Jordania. Entre corales, patrimonio arqueológico, pescado fresco, mercados y playas frente al Mar Rojo, la ciudad demuestra que el país tiene una cara mucho menos conocida que la de sus grandes monumentos de piedra y sus paisajes desérticos.

