A Estefanía Morales, autora del libro ‘Mujer, sola y nómada’, le gusta ir ligera de equipaje. Ha viajado durante años por todo el mundo con poco más de una mochila. Sin embargo, fue en Asia donde su vida dio un giro radical. Acababa de perder el empleo y a su pareja y el destino le tenía preparada una grata sorpresa. Considera que viajar nos devuelve a nosotros mismos y nos educa en la humildad, la empatía y la adaptación. También dice que, en los viajes, se aprende a convivir con otras verdades y otros ritmos. Al menos, ésa ha sido su experiencia.
¿Qué propósito persigue con este libro?
Mi padre siempre me decía que escribiera un diario de mis viajes porque nadie de nuestro entorno había vivido una experiencia similar, y menos aún una mujer joven sola viajando por el mundo. Creía que podría acercar el mundo y sus culturas a otras personas que quisieran viajar en solitario. Y me puse a ello. Las notas de este libro son de 2018 y estuvieron guardadas seis años. Fue en 2024 cuando las reescribí y, finalmente, en 2025 publiqué el libro. La pérdida de mi mejor amiga en México y ciertas circunstancias de salud en la familia me hicieron darme cuenta de que ése era el momento.
¿La vida puede caber en una mochila?
La vida cabe en cualquier lugar, porque no es material. La vida es un conjunto de recuerdos, vivencias, experiencias y conocimiento, y todo ello se guarda en nuestro interior. Por eso, podemos transportar la vida a donde queramos, incluso sin mochila. Mi familia ya era nómada antes de que yo naciera. Me crié haciendo maletas y cambiando de residencia. Y, con el tiempo supe que se puede viajar por el mundo sin necesitar nada más que a uno mismo.
¿Cuál fue el lugar más remoto al que llegó?
Australia. Primero, porque siempre fue un destino muy presente en mi familia; y segundo, porque cuando eres niña, las antípodas suenan a algo extremadamente lejano. La manera en que Australia llegó a convertirse en un destino soñado y con raíces forma parte de la trama de mi libro.

¿Y el destino que más le ha impactado?
Todos los destinos me impactan. Siempre hay algo único en ellos. Brasil me abrió al autoconocimiento y al cuestionamiento existencial. Vivir en la selva supuso una especie de despertar. Fue también un fuerte choque cultural, al ser la primera vez que me enfrentaba a una cultura tan distinta a la mía. Con el tiempo, uno se va acostumbrando a esos choques y a la diversidad. Aun así, una de las culturas que más me ha sorprendido y hechizado ha sido la asiática.
¿Qué poder tiene en el ser humano la experiencia de viajar?
Para mí, viajar no es sólo desplazarse, es expandirse. Es permitir que el mundo entre en uno, y que uno se transforme. Viajar nos devuelve a nosotros mismos. Al alejarnos de lo conocido, escuchamos con más claridad quiénes somos sin etiquetas sociales, sin expectativas externas. En el movimiento aparece la esencia. Lo que parecía absoluto se vuelve una posibilidad entre muchas. El yo deja de ser el centro y aprende a convivir con otras verdades, otros ritmos, otras formas de entender la vida. Viajar educa en la humildad, en la empatía y en la adaptación. El viaje no sólo cambia el lugar en el que estás, cambia el lugar desde el que miras, nos arranca las certezas, nos saca del entorno que sostiene nuestra identidad y nos enfrenta a lo desconocido. Y es precisamente ahí donde el ser humano se redefine. Como decía Ibn Battuta, “viajar te deja sin palabras y luego te convierte en narrador”. Primero nos rompe los esquemas; después nos reconstruye con una mirada más amplia.
¿A quién va destinado este libro?
A todo tipo de personas, sin importar la edad. Sus páginas, además de llevarte de viaje por lugares y culturas lejanas, te invitan a hacer un recorrido interior donde pueden surgir preguntas aún sin respuesta. Es un libro que combina la literatura de viajes con el desarrollo personal, uniendo la exploración del mundo con la exploración de uno mismo.
También dice que en la India su vida cambió de rumbo. ¿Por qué?
Porque viví momentos difíciles, de toma de decisiones, sin saber que esas elecciones estaban arraigadas a memorias antiguas que iban despertando a medida que transcurría el viaje. Fue una etapa de mi vida que dio lugar a un renacimiento interior, a algo que permanecía dormido y que comprendí que era, en realidad, la base de mi existencia.
Y decidió romper el billete de regreso a Europa
Sí. Mientras estaba en India, en 2011, romper el billete fue una de las decisiones que tomé. Eso me llevó a vivir algunos años solo con mi mochila por Asia.
Previamente, perdió el empleo, la pareja y la sensación de certeza sobre el futuro. ¿Cómo se puede continuar un viaje en esas circunstancias?
Más que perder, fue dejar todo atrás y seguir adelante. Al final, eso es lo único que siempre podemos hacer: avanzar. La sensación de certeza, en cierto modo, es un engaño; no tenemos seguridad sobre nada, y la pandemia nos lo demostró. He aprendido que no hay nada 100 por 100 seguro. Pero cuando uno conecta consigo mismo, se abre un campo amplio de posibilidades: todo puede suceder, o no. Para mí, fue precisamente ese camino interior el que se abrió, permitiéndome continuar con un propósito profundo y auténtico.
Asia fue, entonces, un viaje de autodescubrimiento.
En aquellos primeros años, sí. Allí descubrí la libertad interior. Después, ese autodescubrimiento se ha ido puliendo.
¿Qué espacios le reconfortaron más durante la pandemia en Asia?
Solo puedo decir que afronté muchos retos. No tenía comodidades y, durante la primera semana, no tuve más que alguna pieza de fruta para comer. Las normas eran muy estrictas, y fueron muchos meses difíciles. Aun así, siempre digo lo mismo: si hubiera otra pandemia, me encantaría que me pillara en el mismo lugar y con la misma gente. Sin duda, fue desafiante, pero lo disfruté muchísimo.
Y el Dalai Lama apareció ante sus ojos como un regalo de la vida.
Sí, fue algo inesperado e insuperable. Estaba en los Himalayas y ése fue uno de esos días en que uno siente que puede tocar la magia. Después llegaron otros destinos en Asia : Camboya, Butan, Indonesia, Tailandia… y así durante varios años. En ese tiempo, también lidiaba con las normativas de los visados, ya que siempre aprovechaba al máximo cada visado y estancia en cada lugar.
Y luego decidió dar el salto a Australia.
Sí, en aquellos años, siendo nómada a tiempo completo, el sustento no venía de años de ahorro. Australia estaba relativamente cerca de la zona donde solía habitar, y era el momento de empezar a buscar alternativas para trabajar. Así que Australia era un destino que podía cubrir temporalmente el soporte económico y donde buscar recursos para continuar mi viaje por Asia.
Al final del libro, regresa a la infancia para desvelar su pasión por Willy Fog. ¿Sus primeros viajes tuvieron algo que ver con su experiencia asiática?
Yo comencé a viajar por Suramérica, una región que he recorrido muchas veces. Fue mi primer continente; luego llegó Asia, y después regresé algunos años más tarde a Suramérica. Al final, todo está relacionado, ya que tanto Asia como Latinoamérica son continentes que resuenan en mí a nivel latino y a nivel espiritual. Ambos son extraordinarios y me nutren profundamente. Willy Fog me hizo soñar y plantó esa semilla viajera dentro de mí.
¿Siempre viaja en solitario? ¿Por qué?
Aunque suelo viajar sola, siempre encuentro amigos en el camino e incluso viajamos juntos por un tiempo, hasta que nuestros destinos se separan. Es algo habitual despedirse en cierto tramo de la ruta, y eso también forma parte del viaje. Viajar sola es algo que disfruto mucho. Para mí es como vivir de manera independiente: un espacio propio en el que puedo compartir con otras personas, hacer amigos, realizar actividades, estudiar o trabajar. En cierto modo, la vida es así: las personas vienen y van. Algunas permanecen años, y otras simplemente pasan. Con mis viajes ocurre lo mismo: hay personas que vienen y van, todos nos interconectamos, somos necesarios pero no imprescindibles.
¿Le queda algún destino por conocer y con el que soñar?
Claro, hay muchos, pero no me gusta hacer una lista de lugares a los que marco con un ‘visto’. Los destinos me gusta vivirlos, no sólo llegar, visitar y marchar. Llevo 20 años viajando de este modo y mi sueño ya se hizo realidad.

