Siguiendo la Cañada Real Leonesa Occidental: de Zafra a Medellín

En Extremadura no hace falta buscar símbolos de identidad: los tienes delante en cuanto te cruzas con una oveja merina. Durante siglos su lana fue como el oro en Europa y sus movimientos trashumantes dieron forma a caminos y pueblos. Hoy, gracias al proyecto Caminos de la Merina, esa historia se convierte en una ruta viajera que va de la tradición el presente sin perder autenticidad. 

La Cañada Real Leonesa Occidental, entre Zafra y Medellín, es un buen ejemplo, un viaje de tres a cinco días en el que se pasa de plazas medievales a viñedos, de dehesas llenas de encinas a teatros romanos, con parada obligada en mesas donde el jamón y el cordero son protagonistas. 

Zafra y alrededores 

Llegar a Zafra es pisar terreno de ferias y ganado. Desde la Edad Media fue un nudo de caminos y aquí se celebra, todavía hoy, la Feria Internacional Ganadera, la más importante de España. En los primeros días de octubre, la la plaza se llena de ganado, música y trato directo: sí, todavía hay quien negocia mirando al animal, no a un Excel.

El Alcázar de los Duques de Feria, del siglo XV, es hoy el Parador de Zafra, y dormir aquí significa hacerlo entre murallas y artesonados que vieron pasar a nobles y conquistadores. Las Plazas Grande y Chica son el centro neurálgico, donde el café sabe mejor si lo tomas bajo los soportales. En la iglesia de la Candelaria espera un tesoro: un retablo con lienzos de Zurbarán, que nació muy cerca, en Fuente de Cantos. Y si lo tuyo son las historias curiosas, no te pierdas el recuerdo del antiguo tren de la Vía de la Plata, que unía Zafra con Astorga y trasladaba mercancías y también, claro, ganado. 

La Dehesa de Don Pedro, un refugio en Extremadura

Una visita muy especial: la finca Cabeza Mantilla 

Pero si hay una experiencia que conecta directamente con el espíritu de la cañada es la visita a la finca Cabeza Mantilla, en Zafra, propiedad de Francisco Javier Rosas Iglesias. Esta finca ha pasado de abuelos a padres y ahora a él, que la trabaja con la idea clara de dejarla a sus hijos. ¿Y qué encuentras allí? Un paisaje de olivar centenario ecológico, cerdos ibéricos campando a sus anchas y, lo que más llama la atención, ovejas merinas negras, una variedad autóctona en peligro que Francisco Javier cuida con mimo. 

El recorrido incluye ver cómo se maneja el rebaño en extensivo, escuchar de primera mano cómo funciona la selección genética para conservar la raza y hasta entender la importancia de la esquila. Todo contado de forma clara y cercana. Si además coincide que hay cordero a la brasa en alguno de los restaurantes de Zafra que trabajan con su carne, la experiencia se completa. Como dice él mismo: “lo importante es que la gente entienda de dónde viene lo que come”. Y eso, entre ovejas negras y olivos centenarios, queda muy claro. 

Jerez de los Caballeros
Jerez de los Caballeros
Más pueblos para descubrir 

En los alrededores de Zafra se pueden hacer excursiones de un día a pueblos con mucho carácter. Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros están en la lista de los más bonitos de España; este último presume además de haber sido último bastión templario y lugar de nacimiento de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico.  

En Feria, su castillo con una enorme torre del homenaje impone solo de verlo desde la carretera. Y en Salvatierra de los Barros se sigue modelando el barro a mano en talleres como el de los Hermanos Pérez. Si te va la arqueología, en Medina de las Torres quedan restos de la ciudad romana de Contributa Iulia Ugultunia

Comer y dormir en Zafra 

En cuanto a gastronomía, aquí no hay margen para equivocarse: el Restaurante Acebuche, el Arco Restaurante (que además forma parte de la ruta merina), o el Parador ofrecen buena cocina basada en producto local. Para dormir, puedes sentirte noble en el mencionado Parador de Zafra, moderno en el Hotel Boutique Casa Conde, o buscar algo diferente en la Hospedería de La Parra, un antiguo convento con mucho encanto. 

Plaza de Zafra
Plaza de Zafra
Tierra de Barros y Hornachos 

El viaje continúa hacia la comarca de Tierra de Barros, donde las viñas marcan el paisaje. En Villafranca de los Barros, llamada la “Ciudad de la Música”, siempre hay un acorde flamenco sonando en alguna esquina. Y en Almendralejo, el cava extremeño demuestra que las burbujas no son exclusivas de Cataluña. Las bodegas de la zona como Pago de las Encomiendas, Palacio Quemado o Leneus muestran el potencial de estos vinos espumosos. 

La naturaleza toma protagonismo en la Sierra de Hornachos, una especie de oasis verde en medio de la llanura. Desde sus senderos se pueden ver buitres leonados y, si la suerte acompaña, hasta algún lince ibérico. La alcazaba musulmana en ruinas añade un toque histórico a las caminatas. Y para reponer fuerzas, nada como el Restaurante La Parada en Hornachos. 

Dormir en la Dehesa El Águila, en Puebla de la Reina, es una experiencia en sí misma: una finca donde se crían cerdos ibéricos, se pueden ver águilas reales y, de noche, las estrellas brillan con una intensidad que en la ciudad ya hemos olvidado. 

Medellín
Medellín

Mérida, la joya romana 

El siguiente destino es Mérida, y aquí no hay discusión posible: es una de las ciudades más impresionantes de España en cuanto a patrimonio histórico. El teatro romano, aún en uso para el festival de teatro clásico, el anfiteatro, el circo romano, el puente sobre el Guadiana o los acueductos de Los Milagros son visitas obligatorias. 

El Museo Nacional de Arte Romano, obra de Rafael Moneo, es otro imprescindible. Y para quien quiera seguir conociendo ruinas singulares, la Basílica de Santa Lucía del Trampal, en Alcuéscar, o el Parque Natural de Cornalvo, con su presa romana todavía en uso, son buenas opciones. 

A solo unos minutos de la ciudad se encuentra la Finca La Rinconada, gestionada por María Pía Sánchez Fernández. Su historia merece mención aparte: tras más de veinte años trabajando en banca, decidió dar un giro radical a su vida a los cincuenta años y regresar al campo, a las 446 hectáreas de dehesa familiar que transformó en un ejemplo de ganadería regenerativa. Eliminó herbicidas y químicos, instaló placas solares, creó charcas para la lluvia y apostó por un modelo donde la dehesa se cuida al tiempo que produce. 

Parador de Zafra
Parador de Zafra

Allí cría ovejas merinas blancas y negras, apostando especialmente por la merina negra, en peligro de extinción, y aplica un sistema de pastoreo rotacional que permite recuperar el suelo. La finca está abierta a visitas concertadas, en las que María Pía comparte su experiencia personal, su visión del campo y cómo ha conseguido demostrar que otro modelo de ganadería es posible. Además, quienes quieran sumergirse de lleno en el entorno pueden alojarse en la casa rural de la finca, con vistas a los pastos y al paso del rebaño.  

Dormir en el Parador de Mérida, cenar en el Sybarit Gastroshop o simplemente pasear de noche por el casco histórico bajo el Arco de Trajano convierten esta etapa en un viaje dentro del viaje. 

Medellín y las Vegas Altas 

El final de la ruta llega en Medellín, donde se conserva uno de los teatros romanos mejor restaurados de Extremadura. El castillo medieval, el puente sobre el Guadiana y las calles tranquilas del pueblo completan la visita. Aquí nació Hernán Cortés, y cerca, en Villanueva de la Serena, vio la luz Pedro de Valdivia, conquistador de Chile. Historia no falta. 

La comarca de las Vegas Altas del Guadiana es fértil y generosa. En la Finca San Blas (Merino Spain) se crían ovejas merinas y se producen quesos que merecen la pena probar. En Don Benito, además de la ganadería de toros bravos de Manuela Fernández, merece una parada la ganadería de Joaquín Ortiz, un referente en la conservación de la merina. La historia comienza en 1940, cuando Joaquín Ortiz Moreno inició la explotación con ovejas procedentes de los Hidalgos, una de las estirpes más reconocidas de la cabaña leonesa. 

Mérida
Mérida

Hoy, con más de 4.000 ovejas criadas en régimen extensivo y un modelo de manejo sostenible premiado, Joaquín ha consolidado una línea propia conocida como la Línea Ortiz, reconocida por la calidad cárnica y la finura de su lana. La trashumancia sigue siendo parte esencial de su labor, no solo como práctica ganadera, sino como una forma de mantener vivos los valores culturales y naturales ligados al merino. La finca organiza visitas guiadas en las que Joaquín explica el ciclo de vida de la oveja, la genética y los cuidados, apoyado con materiales visuales.  

La Cañada Real Leonesa Occidental es un viaje que combina historia, naturaleza y gastronomía. Pero lo que de verdad engancha es el contacto directo con la gente que mantiene viva esta tradición: ganaderos como Francisco Javier en Zafra, artesanos en Salvatierra o bodegueros en Almendralejo. 

Al final, uno se lleva más que fotos y recuerdos: la sensación de haber entendido, aunque sea un poco, lo que significa vivir en un territorio marcado por el paso tranquilo de la oveja merina.

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